Conversamos con Melisa Estrella, geógrafa, docente universitaria y fundadora de la biblioteca de semillas de la localidad de Pueblo Nuevo, Villa Flandria, en Luján sobre el desarrollo de esta experiencia comunitaria que busca la autonomía en la producción de semillas.

«Trabajo como docente de Educación Ambiental en la Universidad de Luján y me dedico a temas ambientales en la docencia y la investigación como becaria del CONICET. Además soy una persona con familia y preocupaciones que están siempre en diálogo con la información que una va teniendo dedicándose a esos temas. Mi familia está compuesta por mi compañero, marido y padre de mis tres hijas, vivimos en Pueblo Nuevo, en las afueras de Villa Flandria. Lugar que para mí tiene la escala justa porque hay muchos lazos comunitarios pero también un volumen súper interesante de población como para desarrollar este tipo de proyectos como un primer núcleo de alcance. Hace poco a partir de una compañera que venía colaborando sumamos un núcleo de la biblioteca en Luján, ahí tiene otra dimensión».

«Desde hace unos años vengo desarrollando mi huerta con las vicisitudes de cualquier huertero cuando va arrancando, como las búsquedas de semillas. Hace dos años hubo un curso de formación en el INTA Pro huerta de Luján y hacían un curso de promotores. Fui porque en el pueblo donde yo vivo no había promotor y estaba realmente difícil conseguir semillas. A partir de ese momento comencé a estar más en vínculo con Milagros Olleac, Ingeniera del INTA en la zona, y las trabajadoras del INTA y a ejercer el rol de promotora. Cuando empezó la pandemia cortó mucho la posibilidad de hacer talleres y se fue frenando todo. Al mismo tiempo la demanda de semillas crecía un montón y se iba viendo que comenzaba la relación mas personal, venia una persona a mi casa y me pedía semillas, luego enviaba un mensaje por whatsapp con alguna consulta, la red se amplió y se multiplicó mucho. Pero era una red con una terminal individual, que era que me preguntaran a mí, en tal caso yo les preguntaba a las chicas del INTA, y terminaba ahí. Un día a través de Facebook conocí la experiencia de una Biblioteca de semillas que se largaba en medio de la pandemia en Ayacucho, provincia de Buenos Aires, yo conozco a una de las chicas que participa, me conecté y empezamos a cranear a ver como podía ser esto. Lo que quedaba claro era que una biblioteca de semillas es algo flexible y colectivo. Ellos se inspiraban en la biblioteca de semillas de Necochea que tiene un espacio físico, la clave está en como se fortalece lo colectivo con este tipo de trabajo y pasa a ser un proyecto mucho más valioso que permita revalorizar lo no monetario, la palabra, que una persona se comprometa a llevarse una semilla e intentar darlo todo para que germinen y puedan recolectar semillas y devolver después para para darle a otra persona para que pueda comenzar su ciclo. Aunque un pequeño porcentaje de quienes participan lo puedan hacer es un avance.

«Ahí empezamos a buscar personas, a activar lazos, redes, por un lado articulamos enseguida con el INTA local, con un ingeniero que es especialista en semillas que nos orientó en almacenaje, conservación, hizo tests germinativos sobre variedades que conseguimos para saber si era bueno circularlas o no. Se dio una articulación bien interesante con el INTA y la universidad. Luego de un primer proceso de preparación lanzamos la biblioteca el 1 de agosto con la temporada de primavera/verano. Yo me relacioné con la agroecología primero como profe de geografía, y luego ya como graduada especializada en ambiente. Entre las temáticas principales aparecen los efectos del agronegocio, del monocultivo, de los OGM(organismos Genéticamente Modificados). Conociendo las diferentes experiencias y entonces llega el momento de plantearse las alternativas y la agroecología es una cuestión central. Con los años he ido pudiendo madurar como dar un pequeño aporte con el alcance de mi pueblo y la ciudad de Luján».

VOLVER

«Cuando pensamos el nombre de Vuelta a la tierra, lo que fue más potente fue la idea que permitiera pensar en la revinculación con las prácticas tradicionales que estaban muchas veces presentes en la historia familiar, de padres, abuelos que tenían sus huertas en momentos en los que se comía de lo que se producía, eso apareció mucho en el relato de personas que se acercaron a la huerta porque querían empezar o mejorar eso que estaba en la historia familiar y re vincularse con la idea de saber de donde viene lo que consumimos. La tierra aparece como el sustrato, el recurso básico para poder producir los alimentos Pero hay otros planos interesantes, uno mas soslayado, la tierra como territorio, poder empezar a pensar de quien es el territorio, como se organiza y cual es la lógica que prima en la definición de ese territorio y en favor de qué intereses. En la agroecología el territorio es definido en los términos de las comunidades que definen una relación con la tierra y el agua como recurso, y de ese territorio como un lugar comunitario. Y el agronegocio define el territorio desde arriba: los intereses de las corporaciones. Como se define desde afuera cual es el lugar que ocupa Luján en el mercado internacional al servicio de las internacionales. Esta bueno ese plano, que es mas embrionario, ojala que en algún momento se pueda ir madurando el proyecto y podamos ir pensando en distintas formas de llegar a otras discusiones. Ir apropiándose del conocimiento y de la semilla, de una lógica diferente para pensar los alimentos nos pone en camino».

APROPIARSE

«Actualmente somos un pequeño grupo motor, hay personas del INTA y vecinos y vecinas con distintos grados de conocimiento y nivel de mano huertera, pero que le ponemos mucha intención para que esto llegue y crezca, trabajamos las ideas para difundir y coincidimos que hay mucho espacio para crecer. En torno a este pequeño grupo hay entre 150 y 200 personas que se acercaron a hacer préstamos e intercambios. Hicimos jornadas entre septiembre y octubre varias jornadas protocolizadas de entregas de plantines, por ejemplo en los jardines de infantes donde las familias iban a buscar bolsones de alimentos. Le llamamos pacto plantín, la idea era que te llevabas la semilla de un tomate listo para transplante y te pedíamos que guardes las semillas de un tomate para devolver a la biblioteca. Siempre con la idea de avanzar hacia la autonomía y poder producir semillas propias, apropiarnos de este conocimiento de como se reproducen y como se genera la producción temporada tras temporadas y poder desmarcarnos de la mercantilización de las semillas. Desde el comienzo quisimos que sea bien abierto y lo más popular posible, que cualquiera pueda participar. Eso hace que avancemos más lento en torno a algunas definiciones y lenguajes, pero de fondo tenemos claro que hay un modelo hegemónico en el desarrollo de la agricultura que es necesario combatir. Muchas personas se reencuentran con la estacionalidad de los alimentos, identifican variedades, se reencuentran con variedades que no conocían o no comían hace mucho, se reencuentran con el sabor».

«Contamos con el apoyo de productores que se dedican hace muchos años y nos sirven de acerbo, nos transmiten conocimientos sobre como tratar enfermedades, cuando es más oportuno cosechar y como conservar la semilla de determinada variedad. También hay personas que ven la realidad de la contaminación de los alimentos, con los herbicidas y pesticidas, pichicateadas, saben lo que implica y quieren alimentos reales. Hay diversas trayectorias que tienen los huerteros. Nosotros vamos acompañando, fomentando definiciones, desde la comunicación remarcamos los principios de la agroecología, usamos el hashtag #lassemillassondelospueblos, explicamos porqué es una colección agroecológica que beneficios y diferencias tiene con las semillas de sobre curadas, que son más sanas y valiosas y porqué las elegimos para intercambiar. Tratamos de que las personas puedan ir siguiendo los distintos debates a su ritmo siempre sabiendo que es un camino de ida».

PACTOS Y VINCULOS

«Por el momento nos relacionamos bastante con el INTA, la universidad, a través de un ingeniero agrónomo hay una posibilidad de presentar un proyecto de extensión comunitaria. Más allá de las discusiones que se pueden dar, sobre a qué proyecto de agricultura se apoya más desde el Estado, la agroecología está en la agenda de las políticas públicas en este momento, es una de las líneas tanto del ministerio de agricultura como del ministerio de ambiente, y en ese sentido estamos abiertos a relacionarnos en tanto estos programas sean potenciadores de nuestra experiencia y no impliquen cambios en las definiciones que hemos hecho.

Hay otras dos modalidades que implementamos: el préstamo y el intercambio. El intercambio se da en el momento la persona trae semillas de temporada y se lleva las que quiere. Funciona bien, sobre todo ahora iniciando la temporada de otoño invierno, nos pasó que muchas personas ya traían sus semillas, cuando empezamos el año pasado era el momento guardar semillas de otoño invierno, como dlas de habas, y ya tenían para venir y traer para el inicio de la nueva temporada. Eso nos permitió mantener la variedad y el volumen en la colección y además el valor de que son semillas de que ya se produjeron acá en el pueblo en este suelo en este clima.

El préstamo es la manera en que nuevas personas pueden entrar y que sorprendentemente muchas personas que venían ya desde hace años con producción no juntaban su propia semilla. Y el préstamo les permite iniciar el ciclo con el compromiso de cuidar el recurso. Entonces puede decir: me llevo solo las variedades que voy a usar y que me interesan. Algo que no sucede con el kit que entrega el INTA, quizá por la masividad que tiene su alcance, y muchas variedades son mucha cantidad para poco espacio, nos pareció importante desde el inicio que cada persona se lleve la cantidad y la variedad que realmente quiere para el espacio que tiene y en el que quiere producir. Desde el inicio nos pareció que en vez de tener una colección más grande y variedades distintas lo que nos permitía este trabajo focalizado era valorar y cuidar más la semilla.

Y así echándonos a rodar apareció una vecina que cría lombrices californianas ofreciendo que tenía muchos núcleos. Lo comentamos y las chicas del INTA sabían que es algo que tiene mucha demanda y que es algo que se vende y se nos ocurrió armar un sistema de préstamo donde una persona puede recibir un núcleo con el compromiso de cuidarlo, permitir y crear las condiciones para que se reproduzca y cuando eso sucede, a los dos o tres meses devuelve el núcleo para que otra persona pueda empezar su ciclo».

DIVERSIDAD

«Actualmente tenemos unas 40 variedades de otoño/ invierno y un poquito más, no las hemos terminado de contar. La temporada de verano cerró con más variedades de las que empezamos porque sobre el final han vuelto muchas semillas y de distintas variedades y distintos orígenes. Para verano tenemos muchas variedades de tomates distintos, de maíz. El catálogo es un laburo super arduo porque está en mucho movimiento. En verano nos ha pasado que se termina la albahaca y luego entra una albahaca, y después otra por otro lado. A diferencia de otros perfiles de bibliotecas que están armadas para cuidar una variedad y su material génico, reproducirla y tenerla bajo control, nuestra biblioteca esta más pensada como un albergue transitorio, como le llaman en el Museo del Hambre, una estación en el viaje de esa semilla. Por eso nos interesa la idea de biblioteca, porque va a haber mucha variedad y es un lugar público, a diferencia del banco que tiene una raíz más mercantil que ahuyenta más que acercar.

Ahora viene por delante pensar como vamos a encarar lo que queda de esta temporada hemos realizado hace un mes la entrega, hay plantines en producción y estamos buscando un lugar de encuentro, un lugar común donde podamos decir acá funciona la biblioteca y que funcione como lugar de encuentro para el grupo motor y que recuperemos el contacto cara a cara que se viene dando en este año tan particular solamente en los momentos en que organizamos ferias, al aire libre, con mucho. Estamos pensando como sostener y poder crecer y que el lugar físico sea una referencia territorial»

FORMAS

«La soberanía alimentaria tiene que ver con poder definir en términos propios como producir de qué forma y qué producir para los alimentos, como circularlos, como consumirlos, esa forma propia se define en términos comunitarios y no individuales, porque se define en términos de condiciones naturales y de la cultura. Es la antítesis de pensar que lo que vos producís y lo que tenés está determinado por el mercado internacional que es la regla común de lo que nos está pasando ahora: nuestra tierra, nuestra producción, está determinada por lo que demanda el mercado externo y lo que va a la mesa de los argentinos se define con esas reglas del juego. La soberanía alimentaria es el camino alternativo y necesario para desandar esa dependencia.»

Más info: https://www.instagram.com/bibliotecadesemillas/

Ficha de cultivos para descarga:

#lassemillassondelospueblos

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